Lamentaciones
1Jerusalén llora su destrucción
+ 1:1 Los capítulos de este libro están estructurados como acrósticos alfabéticamente, con excepción del capítulo 5, aunque este último tiene 22 versículos, el mismo número de letras del alfabeto hebreo.1 ¡Pobre ciudad!
Ha quedado tan sola la que antes estuvo llena de gente.
Era una de las ciudades más importantes,
pero ahora es como una viuda.
La que antes era la princesa de las naciones,
ahora se ha convertido en una esclava.
2 Llora amargamente en la noche
y las lágrimas llenan su rostro.
De todos los amigos que tenía,
ninguno la consuela ahora.
Todos sus amigos la han traicionado;
se han convertido en sus enemigos.
3 Luego de sufrir y haber sido oprimida,
Judá ha sido hecha prisionera.
Ella vive entre naciones extranjeras,
pero no encuentra un lugar dónde descansar.
Todos los que la persiguen,
la han acorralado y la dejan sin salida.
4 Los caminos que llevan a Sion están llorando;
ya nadie viene a los festivales.
Todos sus portales están desiertos.
Los sacerdotes se lamentan,
le arrebatan las jóvenes
y Sion está llena de amargura.
5 Sus enemigos la gobiernan
y los que la odian descansan cómodamente.
Esto sucedió porque el SEÑOR la castigó
por todos sus pecados.
Sus enemigos capturaron a sus hijos
y se los llevaron lejos.
6 Toda la belleza de la hija de Sion+ 1:6 hija de Sion Otra forma de referirse a Jerusalén.
ha desaparecido.
Sus príncipes quedaron como venados
que no encuentran lugar dónde pastar.
Se quedaron sin fuerza
y sus cazadores los atraparon.
7 Jerusalén recuerda
cuando fue lastimada y perdió su hogar.
Se acuerda de todas las cosas bellas
que tenía en el pasado.
Se acuerda de cuando su pueblo cayó ante el poder del enemigo
y no hubo nadie que la ayudara.
Sus enemigos la miraban
y se burlaban de su derrota.
8 Jerusalén cometió un gran pecado
y por eso se volvió impura.
Todos los que la estimaban ahora la desprecian
porque la han visto desnuda.
Ella se lamenta
y se aleja avergonzada.
9 El vestido de Jerusalén se ensució.
Ella no pensó en su futuro.
Cuando cayó en desgracia,
no hubo nadie que la consolara.
¡SEÑOR, mira mi sufrimiento!
¡Mi enemigo ha ganado!
10 El enemigo extendió su mano
y se llevó todos los tesoros de Jerusalén.
Ella vio cómo gente de otras naciones invadían su templo.
¡Tú habías ordenado que esas naciones nunca entraran en nuestro templo!
11 Toda la población de Jerusalén llora amargamente
mientras busca algo qué comer.
Están entregando sus tesoros a cambio de comida,
para poder seguir con vida.
¡SEÑOR, mira y date cuenta
de lo abatida que estoy!
12 A todo los que pasan por el camino ella les grita: «¡Fíjense, mírenme!
¿Existe un dolor como el mío?
¿Hay sufrimiento como el que me mandó el SEÑOR
cuando se enojó conmigo?»
13 Él envió fuego desde arriba
y lo hizo penetrar hasta mis huesos.
Él tendió una red para atraparme
y me hizo caer.
Me convirtió en una tierra desolada
y me hizo estar enferma todo el día.
14 La mano del Señor tejió todos mis pecados
y los convirtió en un yugo.
Ese yugo fue colocado en mi cuello
y se llevó toda mi fuerza.
El Señor me puso bajo el dominio de gente
más fuerte que yo.
15 El Señor rechazó a todos los guerreros
que había en mi ciudad.
Reunió a un ejército en mi contra
para que destruyera a mis jóvenes soldados.
El Señor pisoteó a la hija virgen de Judá+ 1:15 hija virgen de Judá Un nombre simbólico dado a la ciudad de Jerusalén. Ver también 2:2. Ver Judá en el vocabulario.
como se pisan las uvas para hacer vino.
16 Por todo eso es que lloro;
las lágrimas ruedan por mis mejillas
porque lejos está de mí quien me consuele.
Lejos está de mí quien pueda darme fuerza de nuevo.
Mis hijos quedaron abandonados
porque sus enemigos los derrotaron.
17 Sion grita pidiendo ayuda,
pero no hay quien la consuele.
El SEÑOR ordenó a los vecinos de Jacob
que se convirtieran en sus enemigos.
Jerusalén se ha vuelto impura
entre las naciones enemigas.
18 El SEÑOR es justo al castigarme
porque lo he desobedecido.
Escuchen todos en la tierra
y vean mi dolor.
Mis hombres y mujeres jóvenes
han sido llevados prisioneros.
19 Llamé a los que me amaban,
pero ellos me traicionaron.
Mis sacerdotes y ancianos líderes
murieron en la ciudad
buscando comida
para poder sobrevivir.
20 ¡SEÑOR, mira mi sufrimiento!
Mis intestinos están revueltos.
Mi corazón está lleno de remordimiento
porque he sido muy rebelde.
Los niños fueron asesinados en la calle,
y dentro de la casa estaba la muerte.
21 La gente ha escuchado mi lamento,
pero no hay nadie que me consuele.
Todos mis enemigos saben de mi sufrimiento
y se alegran de lo que tú me has hecho.
Espero que llegue el día que tú has anunciado
y que a ellos les suceda lo mismo que a mí.
22 Espero que te des cuenta del mal que ellos hacen
y que los trates con la misma dureza
con la que me has tratado a mí
por todos mis pecados.
Hazlo porque estoy llena de sufrimiento
y mi corazón está muy adolorido.
2El Señor destruyó a Jerusalén
1 Mira con qué desprecio ha tratado
el Señor en su ira a la hija de Sion.
Él hizo que la gloria de Israel
cayera del cielo a la tierra.
El día de su ira se olvidó del lugar
donde descansaban sus pies.
2 El Señor lo destruyó todo
y ninguna de las casas de Jacob quedó en pie.
En su ira destruyó
las fortalezas de la hija de Judá.
Hizo que Judá se derrumbara
e hirió a su reino y a sus príncipes.
3 En el ardor de su furia,
le quitó toda su fuerza a Israel.
Retiró su mano protectora
cuando se acercó el enemigo,
y quemó a Jacob como un gran fuego
que consume todo lo que hay a su alrededor.
4 Como un enemigo alistó su arco;
sostuvo la espada en su mano derecha.
Como si fuera el enemigo,
mató a nuestros seres queridos.
Él derramó su ira como fuego
sobre las carpas de Sion.
5 El Señor se convirtió en enemigo
y destruyó a Israel.
Destruyó todas sus fortalezas
y sus ciudades amuralladas.
Multiplicó los quejidos
y lamentos en la hija de Judá.
6 Él arrancó su templo como si fuera un jardín.
Arruinó su festival.
El SEÑOR hizo que en Sion se olvidaran
de los festivales y del día de descanso,
y en medio de su violenta ira
mostró desprecio por el rey y el sacerdote.
7 El Señor rechazó su altar;
su santuario le causaba repulsión.
Puso en manos del enemigo
las murallas de Jerusalén.
Los enemigos gritaron de alegría en la casa del SEÑOR
como si estuvieran en una fiesta.
8 El SEÑOR decidió destruir
la muralla de la hija de Sion.
Hizo sus planes muy cuidadosamente
y no dudó en destruirla.
Él hizo que las fortificaciones y las murallas
se quejaran y se debilitaran.
9 Sus portales se vinieron abajo.
Él convirtió en pedazos sus barras de hierro.
El rey y sus príncipes fueron esparcidos por todas las naciones
y no queda ninguno para dar enseñanzas.
Ni siquiera los profetas
pueden recibir una visión del SEÑOR.
10 Los ancianos de la hija de Sion
se sientan en el piso en silencio.
Arrojan polvo sobre su cabeza
y se visten con ropa áspera.+ 2:10 ropa áspera Ropa que la gente usaba para demostrar su tristeza.
Las jóvenes de Jerusalén
inclinan su cabeza hacia la tierra.
11 Mis ojos están llenos de lágrimas,
arden mis entrañas.
Me descompone
la destrucción de mi pueblo
y ver morir en las calles de la ciudad
a los niños y a los bebés.
12 Ellos preguntan a su mamá:
«¿Dónde están el pan y el vino?»
y como heridos de muerte,
caen en las plazas de la ciudad.
Lloran de dolor
y mueren en brazos de su mamá.
13 ¿Qué te puedo decir?
¿Con qué te puedo comparar, hija de Sion?
¿Con qué te puedo comparar para traerte consuelo,
hija virgen de Sion?
En verdad, tu ruina es tan inmensa como el mar.
¿Quién podrá curarte?
14 Tus profetas te contaron sus visiones,
pero esas visiones eran falsas y sin valor.
Ellos no trataron de mejorar tu destino
advirtiéndote de tus crímenes.
Por el contrario, te contaron sus profecías
con palabras vacías y falsas.
15 Los que pasan por el camino
se asombran al verte.
Hacen gestos y sacuden su cabeza
al ver a la hija de Jerusalén.
Al verla, preguntan:
«¿Es esta la ciudad que según dicen era la más bella de todas?
¿Es esta la ciudad que admiraba toda la tierra?»
16 Todos tus enemigos
hablan en contra tuya.
Hacen escándalo y dicen:
«Los hemos destruido.
Este es el día que tanto hemos esperado.
Ese día ha llegado y lo hemos visto».
17 El SEÑOR hizo lo que planeó.
Cumplió su amenaza;
lo que prometió hace tanto tiempo.
Destruyó y no tuvo compasión.
Les dio la victoria a tus enemigos
e hizo que ellos celebraran tu derrota.
18 ¡Muralla de la hija de Sion,
grita con todo tu corazón al Señor!
Que tus lágrimas corran
como un río día y noche.
No te detengas,
no permitas que tus ojos se detengan.
19 Levántate y grita en la noche
al inicio de cada hora.
Implora piedad
ante la presencia del Señor.
Eleva tus manos hacia él
por el bien de tus hijos
que se mueren de hambre
en todas las calles de la ciudad.
20 SEÑOR, mira y date cuenta
a quién has tratado de esta manera.
¿Está bien que las mujeres se coman sus hijos,
los niños a quienes ellas han acariciado?
¿Está bien que los sacerdotes y profetas
sean asesinados en el templo del Señor?
21 Los jóvenes y viejos
están tendidos en las calles de la ciudad.
Mis vírgenes y hombres jóvenes
han caído en la batalla.
Tú los mataste el día de tu ira;
los destruiste sin compasión.
22 Tú invitaste de todas partes
a la gente que me aterrorizaba,
como si estuvieras invitando gente a un festival.
Nadie escapó ni sobrevivió
cuando tú, SEÑOR, mostraste tu ira.
Mi enemigo ha destruido
a los niños que yo acaricié y crié.
3El significado del sufrimiento
1 Soy un hombre que ha visto el sufrimiento
cuando Dios castiga lleno de ira.
2 Me guió y me hizo caminar
en la oscuridad, no en la luz.
3 Me se puso en mi contra
una y otra vez, todo el tiempo.
4 Debilitó mi cuerpo y mi piel,
rompió mis huesos.
5 Me acorraló,
me rodeó de pobreza y amargura.
6 Me hizo vivir en la oscuridad,
como aquellos que han muerto hace mucho tiempo.
7 Construyó un muro a mi alrededor para que no pudiera escapar.
Me ató con cadenas de bronce bien pesadas.
8 A pesar de que lloré y le pedí que me rescatara,
él ignoró mi oración.
9 Bloqueó con murallas de piedra
los caminos que yo quería seguir;
desvió mi camino.
10 El SEÑOR parecía un oso listo a arrojarse sobre mí.
Un león escondido listo para atacar.
11 Me alejó del camino y me rompió en mil pedazos.
Me dejó completamente solo.
12 El SEÑOR preparó su arco,
y me puso de blanco para la práctica.
13 Lanzó sus flechas
directo a mi corazón+ 3:13 corazón Textualmente riñones..
14 Todo mi pueblo se ríe de mí;
se burla de mí cantando todo el día.
15 Me llenó de amargura;
me dio a beber la bebida más amarga.
16 Me tiró por el suelo y me hizo comer gravilla.
Me aplastó en el polvo.
17 La paz se ha alejado de mi alma;
he olvidado lo que significa el bienestar.
18 Me dije a mí mismo:
«Mi fuerza y esperanza en el SEÑOR han desaparecido».
19 Recuerda que estoy triste y no tengo hogar.
Recuerda la bebida amarga y el veneno que me diste.
20 Tengo bien presentes todos mis problemas
y me siento demasiado triste.
21 Pero nunca olvidaré algo
que siempre me dará esperanza.
22 El fiel amor del SEÑOR nunca termina+ 3:22 El fiel amor del SEÑOR nunca termina TM: Es el fiel amor del SEÑOR que no estamos acabados.;
su compasión no tiene fin,
23 cada mañana se renuevan.
¡Inmensa es su fidelidad!
24 Mi alma dice:
«El SEÑOR es todo lo que tengo y necesito»;
por eso siempre tendré esperanza en él.+ 3:24 El SEÑOR […] en él o El SEÑOR es la parte que me toca a mí y yo confío en él. Aquí se refiere a la división de la Tierra Prometida en la que los levitas no recibieron «su parte» del territorio, sino que recibieron al Señor. Él los ayudaría a satisfacer sus necesidades por medio de los sacrificios ofrecidos por los demás israelitas.
25 El SEÑOR es bueno con quienes creen en él;
con los que lo buscan.
26 Es bueno esperar pacientemente
la salvación que trae el SEÑOR.
27 Es mejor aprender
a llevar el yugo desde jóvenes.
28 Hay que estar solos y calmados
cuando el Señor nos coloca su yugo.
29 Hay que saber inclinar la cabeza.
Besando el suelo, pienso que tal vez aun hay esperanza.
30 Hay que poner la otra mejilla cuando nos golpeen.
Hay que saber aceptar la humillación.
31 El Señor no rechaza a la gente
para siempre.
32 Aunque causa sufrimiento
también tiene compasión
y grande es su fiel amor.
33 Él no desea hacerle daño
ni causarle sufrimiento a la gente.
34 Cuando alguien aplasta
a los prisioneros de la tierra;
35 cuando a un hombre se le niegan sus derechos
ante la presencia del Altísimo;
36 cuando a una persona la engañan en su juicio,
el Señor se da cuenta de todo.
37 Nadie puede hacer que algo suceda
a menos que el Señor así lo ordene.
38 Las cosas buenas y las desagradables
llegan porque el Altísimo lo ordena.
39 Nadie debe quejarse del castigo
que recibe por sus pecados mientras esté con vida.
40 Examinemos y evaluemos nuestra conducta
y regresemos al SEÑOR.
41 Elevemos nuestro corazón y nuestras manos
hacia Dios en el cielo.
42 Fuimos rebeldes y desobedientes
y por eso no nos has perdonado.
43 Te vestiste con tu ira y nos perseguiste.
Nos mataste sin piedad.
44 Te cubriste con una nube
para que nuestras oraciones no llegaran a ti.
45 Nos hiciste quedar
como mugre y basura ante la gente.
46 Todos nuestros enemigos
se burlan de nosotros y nos insultan.
47 Fuimos presa del pánico y caímos en la fosa.
Sufrimos la devastación y la destrucción.
48 Por mi rostro corren ríos de agua
por la destrucción de mi pueblo amado.
49 Mis ojos están llenos de lágrimas
que no dejan de correr,
50 hasta que el SEÑOR mire desde el cielo
y vea lo que sucede.
51 Me siento triste al ver el destino
de las jóvenes de mi ciudad.
52 Sin razón alguna,
mis enemigos me atraparon como a un pájaro.
53 Trataron de acabar con mi vida en una fosa
y arrojaron piedras sobre mí.
54 El agua me llegaba hasta la cabeza
y pensé que mi vida había terminado.
55 SEÑOR, te llamo por tu nombre
desde el fondo de la fosa.
56 Te ruego que escuches mi voz
y no te tapes los oídos ante mi oración.
57 Te acercaste cuando te llamé
y me dijiste: «No tengas miedo».
58 Señor, defiende mi causa
y devuélveme la vida.
59 SEÑOR, mira el mal que se me ha hecho
y hazme justicia en el tribunal.
60 Tú has visto todas las acciones de mis enemigos
y sus planes en mi contra.
61 SEÑOR, tú has escuchado sus insultos
y sus planes en contra mía.
62 Las palabras y pensamientos de mis enemigos
están en mi contra todo el tiempo.
63 Soy objeto de su burla en todo momento;
cuando están sentados
y cuando están de pie.
64 Espero, SEÑOR, que les des
lo que se merecen por lo que han hecho.
65 Quítales la capacidad de entender
y haz caer sobre ellos tu maldición.
66 Persíguelos con tu ira
y destrúyelos desde el cielo, SEÑOR.
4Horrores del ataque a Jerusalén
1 En cada esquina de las calles
hay joyas+ 4:1 joyas El hebreo es oscuro. tiradas en el suelo.
El oro cambió;
¡cómo ha perdido su brillo!
2 Los ciudadanos de Sion
tan valiosos que valían su peso en oro,
pero ahora son considerados vasijas baratas
hechas por un artesano ordinario.
3 Hasta las lobas amamantan a sus crías;
dejan que se alimenten de su pecho.
Pero la hija de mi pueblo+ 4:3 hija de mi pueblo Aquí es una forma simbólica de referirse a las mujeres de Jerusalén. se ha vuelto más cruel
que el animal más salvaje del desierto.
4 La lengua de los bebés se pega a su paladar
por lo sedientos que están.
Los jóvenes piden pan,
pero no hay nadie que se los ofrezca.
5 Los que estaban acostumbrados a comidas finas,
están hambrientos en las calles.
Los que antes vestían ropa fina+ 4:5 ropa fina Textualmente de púrpura.,
ahora juntan desechos.
6 Los crímenes de Jerusalén eran mayores
que el pecado de Sodoma.
Sodoma fue destruida en un segundo,
aunque nunca fue atacada.
7 Los nazareos de Jerusalén eran más puros que la nieve,
más blancos que la leche.
Su cuerpo era fuerte como el roble,
y su cabello era hermoso como el zafiro.
8 Ahora se han vuelto más negros que el carbón.
Nadie los reconoce en las calles.
La piel se les ha pegado a los huesos
y está tan seca como la madera.
9 Tuvieron mejor suerte los que murieron en la batalla
que los que murieron de hambre.
Cuando falta una cosecha,
los hambrientos agonizan lentamente.
10 Con sus propias manos,
las mujeres más amorosas cocinaron a sus hijos.
Los convirtieron en su comida,
cuando mi pueblo fue derrotado.
11 El SEÑOR desató toda su furia;
derramó el fuego de su ira.
Encendió un fuego en Sion
que quemó hasta lo más profundo de la tierra.
12 Los reyes de la tierra no lo creyeron.
Tampoco lo creyó ningún habitante de la tierra.
No podían creer que un enemigo
pudiera cruzar los portales de Jerusalén.
13 A causa de los pecados de sus profetas
y los crímenes de sus sacerdotes,
se derramó dentro de Jerusalén
la sangre de gente justa.
14 Los profetas y sacerdotes
vagaron ciegamente por las calles,
tan manchados por la sangre
que nadie quiere tocar sus vestidos.
15 «¡Aléjense, impuros!», les gritaban los demás.
«¡Aléjense, no nos toquen!»
Debido a que la ruina había caído sobre ellos y quedaron sin hogar,
la gente les decía:
«Ya no queremos que vivan con nosotros».
16 El SEÑOR mismo los destruyó
y ya no los cuida.
A los sacerdotes ya no los respetan,
y a los ancianos ya no les tienen consideración.
17 Nuestros ojos se cansaron
de tanto buscar ayuda en vano.
Desde nuestra torre de vigilancia
buscamos y buscamos una nación que nos salvara,
pero nunca llegó.
18 Nuestros enemigos siguieron nuestros pasos
para que no pudiéramos caminar en nuestras calles.
Nuestro fin estaba cerca,
nuestros días estaban contados.
Había llegado nuestro fin.
19 Los hombres que nos perseguían
eran más rápidos que las águilas del cielo.
Nos persiguieron en las montañas
y prepararon una emboscada
en el desierto para atraparnos.
20 Atraparon a nuestro rey,
el consagrado por el SEÑOR
y que era para nosotros
como el aire que respiramos.
Nosotros creíamos que nuestro rey
nos protegería de todas las naciones.
21 Canta y celebra, pueblo de Edom,
que vives en la tierra de Uz,
pero recuerda que la copa del sufrimiento
también llegará hasta ti.
Beberás de esa copa,
te embriagarás y serás desvestido.
22 Tu castigo ha terminado, Sion;
no te volverán a tomar prisionera.
Ahora, pueblo de Edom, el Señor castigará tu crimen;
te castigará por tus pecados.
5Una oración al Señor
1 SEÑOR, recuerda lo que nos ha sucedido.
Observa y date cuenta de nuestra desgracia.
2 La tierra que heredamos de nuestros antepasados ha sido entregada a extranjeros
y nuestras casas son ocupadas por extraños.
3 Nos hemos quedado huérfanos;
nuestras mamás quedaron viudas.
4 Tenemos que pagar por el agua que bebemos
y pagar también por nuestra leña.
5 Nos persiguen pisando nuestros talones.
Estamos débiles y no encontramos descanso.
6 Hicimos un pacto con Egipto y con Asiria
para tener suficiente comida.
7 Nuestros antepasados pecaron y ahora están muertos,
pero nosotros sufrimos las consecuencias de sus crímenes.
8 Los sirvientes nos gobiernan
y no hay quien nos libere de su poder.
9 Arriesgamos nuestra vida
para conseguir comida en medio de los peligros del desierto.
10 Nuestra piel está tan caliente como un horno
por la fiebre que nos causa el hambre.
11 Los soldados enemigos violaron a las mujeres de Sion,
vírgenes de las ciudades de Judá.
12 Los enemigos colgaron a nuestros príncipes;
no mostraron el debido respeto por nuestros ancianos.
13 Nuestros jóvenes deben cargar la piedra del molino
y caen al suelo al tropezar con las cargas de madera.
14 Los ancianos ya no están en el portal.
Los jóvenes ya no hacen música.
15 Nuestra felicidad ha terminado.
Nuestro baile se ha convertido en lamento.
16 La corona ha caído de nuestra cabeza.
Estas cosas terribles nos suceden porque hemos pecado.
17 Por todo esto estamos desanimados;
hemos perdido la esperanza.
18 Los zorros andan rondando
por el monte Sion que está desierto.
19 Sin embargo, tú, SEÑOR, tú gobiernas por siempre.
Tu trono permanece de generación en generación.
20 ¿Por qué nos ignoras todo el tiempo?
¿Por qué nos has abandonado por tanto tiempo?
21 SEÑOR, restaura nuestra relación contigo y nosotros regresaremos a ti.
Haz que nuestra vida vuelva a ser lo que era en el pasado.
22 ¿Acaso nos has rechazado por completo?
¿Acaso estás tan enojado con nosotros?